Inteligencia y Razón

 

Pascal decía que "el corazón tiene sus razones que la razón no conoce". No hemos investigado lo que Pascal quería decir por corazón, pero si nos trasladamos al Medioevo o al pensamiento previo al iluminismo racionalista podríamos decir que "el intelecto tiene un conocimiento que la razón no entiende".

Es sabido que entonces se entendía que el corazón, instalado en el "plexo solar", era la sede de la inteligencia y sabiduría más altas, lo que Dante llama "el espíritu de la vida, que mora en la secretísima cámara del corazón" . El símbolo natural de este centro vital era el Sol, astro rey, considerado como fuente de luz, fuerza y calor, y en correspondencia con lo que se quería significar: inteligencia, vitalidad y amor, potencias que rigen lo permanente, lo firme en lo que uno puede apoyarse, y la única potencia capaz de crear.

Este intelecto central, que también podríamos asimilar a la "con-ciencia", es el que ve y entiende, y por eso, en la Vita Nova (II), ante la aparición de Beatriz, inmediatamente ve y entiende de lo que se trata, y dice:

He aquí (un) Dios, más fuerte que yo, que viniendo me dominará.

La razón y la memoria, la fantasía, la imaginación y el sentido común, residían en cambio en el cerebro, "el espíritu del alma, que mora en la cámara alta, a donde todos los espíritus sensitivos llevan sus percepciones" Cámara alta que no es otra cosa que la cavidad craneana, dependiente esta vez de la Luna, la Señora del mundo sublunar, cambiante, fenoménico, multifacético. Por eso los de-mentes, a los que han perdido la inteligencia, se los llamaba simplemente "lunáticos", es decir, gobernados por una Luna sin control. Por eso estas potencias, ante la estupenda Beatriz, sólo pueden decirle a los ojos:

Apareció ya vuestra beatitud.

Estas potencias propiamente constituyen en su conjunto lo que se llama "alma" en el pensamiento medieval. En ella, la razón o "logos" no es solamente una capacidad de abstraer, de inducir y deducir, sino potencia perceptiva de las diferencias, y valorizadora de la realidad. Por eso el Logos bíblico, en la Creación, a partir del Caos, va diciendo lo que cada cosa es y poniéndola en su lugar, y el Logos hermético, en el Pomandres, desciende a un caótico infierno que gime por el orden, y separa de allí los elementos. Y por eso también, Virgilio, que es el Conductor y el Logos de Dante, puede guiarlo por el Infierno, y decirle lo que cada cosa es.

Notemos que la astronomía, y como recuerdo de su madre la astrología, usa un círculo con un punto en el centro para señalar el Sol, lo que por sí mismo da idea de estabilidad, pues el punto rige y determina la circunferencia. Por eso a Dante se le aparece Amor en forma de ángel y le dice (VN, XII):

"Yo soy como el centro del círculo,
respecto del cual las partes de la circunferencia están de manera semejante;
tú sin embargo no eres así.

Reproche dirigido a las negligencias y distracciones que venía cometiendo Dante.

Cuando en el Infierno se identifica a los condenados, Dante no recurre a reglas morales, que pueden ser cambiantes en el tiempo, sino que se refiere a la razón y a la conciencia individual. Así en el Canto V, 37 del Infierno habla de la irracionalidad del placer excedido por la pasión:

"Supe que a un tal tormento
sentenciados eran los pecadores carnales
que la razón al deseo sometieron"

En el Canto III, 16 Virgilio le explica:

"Hemos venido al lugar donde te dije
habías de ver la gente adolorida,
los que han perdido el bien del intelecto"

En el Canto IX, 61 reclama de sus lectores una atenta inteligencia del texto:

"¡Oh vosotros que tenéis el intelecto
sano mirad la doctrina que se esconde
tras el velo de los versos extraños!"

Intelecto sano, gentileza del corazón, virtud y conocimiento, "damas que poseen intelecto", "damas gentiles", inteligencia nueva, temas frecuentes en Dante que identifican su búsqueda. Bien expresado en la última poesía de la Vita Nova que desarrolla todo un programa intelectual:

"Más allá de la esfera que más veloz gira
pasa el suspiro que brota de mi corazón:
inteligencia nueva, que el Amor
llorando infunde en él, y hacia arriba lo tira".

J. Sanguinetti 13 de febrero de 2002.